Fresca mañana. La brisa tiñe mi pelo.
La suave textura de una hoja roza mis mejillas, gélidas.
No percibo el canto de los pájaros
cuando irrumpe en el parque el silencio:
un silencio perpetuo que detiene la naturaleza en mis ojos,
borrando mis sentidos, sintiéndome imperceptible.
El sol se hace sentir haciendo brillar los frutos,
vivando las verdes hierbas,
cobijando las flores que exhiben
sus pétalos radiantes, coloridos,
pintando mi parque de colores claros y oscuros, alegres y tristes;
tornando todo mucho más nítido, sensible, puro.
martes, 7 de agosto de 2007
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