-Sábado 07 de Junio-
Sobrellevando el tedio de 25 horas de viaje, puntualmente arribé a Tucumán a las 21:50 tal cual previamente me habían informado. Bajé del tren, respiré profundo y estiré las piernas; sí, llegué, estoy acá. ¿Y ahora?
Compré unos Lucky frente a la Terminal y enseguida un loco me extiende un folleto: "vení a Tucuman Hostels: hau un par de inglesas, españoles, un colombiano. Esta noche hay guitarreada y demás. Te llevamos para el centro y vamos..". Claro que estaba tentado, pero opté por caminar con el plano del hostel en mi mano. Caminé un par de cuadras: compré una lata de Quilmes y, disfrutándola, me encaminé hacia el hostel. Allí fui recibido por Matías, Romina y Ariel. Me duché, compré unas empanadas y una botella de vino. En menos de una hora, ya estaba conversando de la realidad socio-política de Latinoamérica con Jorge y Madoka (españoles) y Óscar (colombiano). Al cabo de otra hora ya estábamos fumando uno y seguían desfilando los vinos. La sana envidia de escucharlos contar sus travesías a través de toda nuestra geografía desde el mes de...¡enero!.
No recuerdo cómo ni a qué hora me fui a dormir esa noche.
-Domingo 08 de Junio-
Fui al súper, reventé un par de tickets y almorcé con todos en el hostel. Cayeron Vana y Mariana, dos chicsa conservadoras de San Isidro y con ellas me fui (obvio) para San Javier, a tan sólo unos kilómetros, un cerro pintoresco que ofrece una hermosa vista de San Miguel. Claro que el día estaba nublado y no ví ni el camino, así que emprendimos la vuelta.Visité la Casa Histórica y un par de museos, nada trascendente a decir verdad.Retorno al hostel y campeonato de ping pong con Steve (australiano): perdí holgadamente pero bien vale la anécdota.
Entonces llegaron ellas: Mollie, Beck y Brigid. Tres chicas canadienses. 17 años, bonitas, risueñas, ¿qué más?. Por supuesto, in a few minutes ya estaba hablando con ellas. No recuerdo cuál nombró a Jennifer López. ¿Qué carajo me importa J-Lo?. No sé, pero me fui al cine con ellas a ver su última película. Un bodrio. Pero lo mejor: al entrar a la sala, sólo estábamos nosotros entonces Becky, preciosa, se sube al escenario y...¡nos mostró el culo!. Sin palabras.
Conversábamos y reíamos infinitamente; tan divertidas, tan cordiales (entendimiento universal).De regreso al hostel, vino tinto y conversaciones noctámbulas.Luego de ver los goles de Braccamonte, improvisé unos versos aliviadores.
Sobrellevando el tedio de 25 horas de viaje, puntualmente arribé a Tucumán a las 21:50 tal cual previamente me habían informado. Bajé del tren, respiré profundo y estiré las piernas; sí, llegué, estoy acá. ¿Y ahora?
Compré unos Lucky frente a la Terminal y enseguida un loco me extiende un folleto: "vení a Tucuman Hostels: hau un par de inglesas, españoles, un colombiano. Esta noche hay guitarreada y demás. Te llevamos para el centro y vamos..". Claro que estaba tentado, pero opté por caminar con el plano del hostel en mi mano. Caminé un par de cuadras: compré una lata de Quilmes y, disfrutándola, me encaminé hacia el hostel. Allí fui recibido por Matías, Romina y Ariel. Me duché, compré unas empanadas y una botella de vino. En menos de una hora, ya estaba conversando de la realidad socio-política de Latinoamérica con Jorge y Madoka (españoles) y Óscar (colombiano). Al cabo de otra hora ya estábamos fumando uno y seguían desfilando los vinos. La sana envidia de escucharlos contar sus travesías a través de toda nuestra geografía desde el mes de...¡enero!.
No recuerdo cómo ni a qué hora me fui a dormir esa noche.
-Domingo 08 de Junio-
Fui al súper, reventé un par de tickets y almorcé con todos en el hostel. Cayeron Vana y Mariana, dos chicsa conservadoras de San Isidro y con ellas me fui (obvio) para San Javier, a tan sólo unos kilómetros, un cerro pintoresco que ofrece una hermosa vista de San Miguel. Claro que el día estaba nublado y no ví ni el camino, así que emprendimos la vuelta.Visité la Casa Histórica y un par de museos, nada trascendente a decir verdad.Retorno al hostel y campeonato de ping pong con Steve (australiano): perdí holgadamente pero bien vale la anécdota.
Entonces llegaron ellas: Mollie, Beck y Brigid. Tres chicas canadienses. 17 años, bonitas, risueñas, ¿qué más?. Por supuesto, in a few minutes ya estaba hablando con ellas. No recuerdo cuál nombró a Jennifer López. ¿Qué carajo me importa J-Lo?. No sé, pero me fui al cine con ellas a ver su última película. Un bodrio. Pero lo mejor: al entrar a la sala, sólo estábamos nosotros entonces Becky, preciosa, se sube al escenario y...¡nos mostró el culo!. Sin palabras.
Conversábamos y reíamos infinitamente; tan divertidas, tan cordiales (entendimiento universal).De regreso al hostel, vino tinto y conversaciones noctámbulas.Luego de ver los goles de Braccamonte, improvisé unos versos aliviadores.
"Desdeño la absurda
convención del tiempo,
abrazando la nostalgia
y el vértigo de quien fuí,
quien tardíamente soy.
El tímido sonido del viento,
un estrépito de silencio;
la absoluta contradicción
de encontrarme conmigo
habiendo escapado de mí.
La sensible percepción
que ostenta la noche encantada;
atravesando una atmósfera
de sueño inalcanzable
el sol me descubre sonriendo."
-Lunes 09 de Junio-
Mollie dulcemente me despertó y fuimos los 4 a comer afuera. "El Cardo" fue el lugar recomendado por Ariel: una casa vieja, nadie dentro. Comimos humita con chala y mucho picante: increíble.Pasamos toda la tarde dando vueltas por el centro, riéndonos de todo y de todos. Y acá estoy, escuchando U2 junto a unos irlandeses.
Tengo hambre. Voy a cocinarme algo (anoche cociné y cenamos con Óscar antes que se fuese rumbo a Córdoba)....Acabo de despedir a las chicas, partieron rumbo a Mendoza. Les pedí que por favor me envíen la foto del culo de Becky.
Llegaron varios irlandeses y muchos ingleses. Pasé absolutamente toda la noche conversando con Fiona, preciosa, y dueña de un acento tan sensual que provocaba escalofríos.
Tomamos mucho vino y Javier tocaba los Beatles: Magical Mistery Tour.
(Previamente, Mati me invitó a fumar con Mike, un suizo que increíblemente tenía cara de tucumano).
-Martes 10 de Junio-
Me desperté temprano. Ari me preparó un super desayuno, con tostadas con manteca, jugo exprimido y café con leche.
Estoy en duda: ir a San Javier ya que hay un sol imponente o arrancar para Cafayate, con escalas en Tafí, Amaicha y Quilmes.
Las próximas palabras develarán mi elección.
Arranqué para Tafí del Valle: tomé el bus de las 14 y llegué alrededor de las 17:30: un pueblo hermoso, rodeado de encantos.
Sólo estuve algunas horas dando vueltas por ahí, sacando fotografías.
Tomé el bus de las 20:40 rumbo a Amaicha, en donde pasaría la noche.
Amaicha era mucho pero mucho más pequeña, oscura y desolada de lo que pensaba. Pasé la noche en una hostería en la que estuve completamente solo.
Mi estúpido por prescindir del tiempo: al despertarme, nunca sé qué hora es.
Me levanté. Miré al sol y salí: eran las nueve y media de la mañana.
-Miércoles 11 de Junio-
Salí caminando, mochila al hombro, por la ruta por la que entré con el bus. No había nada ni nadie. Saqué algunas fotos y me quedé sentado en el medio de la ruta fumando un cigarrillo.
En ese momento vi venir un loco barbudo, también mochila al hombro y con una canasta: era un tucumando que vendía nueces confitadas y al mismo tiempo viajaba y recorría los pueblitos. Luego, al ver que la gente lo saludaba, entendí que era un asiduo vistante del lugar.
Tenía que seguir camino a Cafayate y quizás pasar antes por las ruinas de Quilmes.
El tucumano estaba haciendo dedo y yo tenía que aguardar el bus que recién salía a las 18 para Cafayate. La puta que lo parió, tenía muchas horas por delante y estaba en el medio de un pueblo encantado y perdido. Cerca del mediodía fui a la única estación de servicio sobre la ruta y encontré dos mochileros más: Néstor y Tiny: él es marplatense y tiene 31 años. Ella es belga y tiene 18. También iban para Cafayate pero primero querían pasar por las ruinas.
Haciendo dedo no pasaba un alma, entonces, preguntando, nos hablaron de Don Lauro, un remisero de la zona que nos llevaría por algunos pesos.
Lo fuimos a buscar: con el temor de no encontrarlo por ser hora de fiesta, pero el tipo estaba. Nos llevó por $12 en su 504.
Llegamos alrededor de las 16 y teníamos tiempo ya que el bus pasaba por la ruta a las 19:30 rumbo a Cafayate.
Ya en las ruinas, Miguel, un guía, nos contó acerca de las construcciones y de la heroica resistencia de 130 años del pueblo quilmeño ante los embates del conquistador.
Imposible describir lo que sentí en las alturas, en los pucará (fuertes) desde lo que resistían y combatían; el más alto era del cacique y estaba justamente allí para estar más cerca del Sol, su dios (Inti). Increíble.
Imposible describir los colores que inundaron el cielo en el ocaso: tan nítidos, tan perceptibles.
Bien a la argentina, junto a las ruinas y sobre un cementerio se construyó un hotel, con piscina y todo. Lo advertí fotografiando desde las alturas, pero quería creer que no estaba allí.
Un contingente de ingleses e irlandeses también estaba allí, los mismos que había cruzado en Tucuman y también esa misma tarde en Amaicha. Entendí que esa circunstancia sería cotidiana.
Una camioneta que había traído a los extranjeros nos cargó encima y nos acercó a la ruta, ya de noche, para tomar el bus.
Solos en el medio de la ruta, tomando mate bajo las estrellas, Nestor, Tiny y yo aguardábamos el micro.
*Néstor es webpager. Toca el bajo y habábamos de todo: muy buena gente. Tiny es preciosa, muy rubia y de ojos grises. Está en nuestro país por un programa de intercambio. Tiene un español pausado que es muy dulce de escuchar.*
Al llegar fuimos a comer unas empanadas mirando el partido de Boca, y gritando un golazo de Tevez le tiré agua encima a Tiny; me dió un poco de pudor explicarle la pasión y el desenfreno por grital un gol de tu equipo, pero por la mirada que me clavó sentí que debí haberlo hecho.
Estábamos realmente muy cansados. Ella y Néstor fueron a dormir, pero claro que yo no iba a ir directo a la cama.
Por cierto, el hostel "El Hospedaje" era muy bonito y allí encontré a los viajeros que había visto y que vería durante todo mi viaje.
Terminé mi noche en el "Ñanta", un reducto cultural en el que tomé mucho vino, canté zambas y chacareras y conversé con su dueño seriamente de la lucha estudiantil y de encontrar alternativas para resistir y combatir este sistema.
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