martes, 7 de agosto de 2007

El día invertebrado (Marzo 2006)

La mañana se avecinó envuelta en tibia lluvia.Y para no entorpecer la magia me empeciné en disfrutarla durmiendo. Un gris destello de luz, escapándose por la hendija de la persiana, acariciaba mis percepciones (también la incertidumbre del día).
Al despertar, con ojos somnolientos me enfrenté al espejo y esbocé una sonrisa de aprobación. Aunque, íntimamente, sueño con esa idea que Oliverio Girondo llamaba metamorfosear, y Borges lo consideraba el tedio de ser uno mismo y del peso del universo.
Afuera, la ciudad y su clamor. La oscura confrontación del hombre con el hombre. El vértigo del tiempo convencional que se precipita sobre los ánimos y estimula la falta de comprensión; también el sometimiento.
Tan sólo la puerta me separa de dilucidar la contradicción de querer encontrarme conmigo en los lugares donde voluntariamente me perdí.

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