Agobiado ya de números insensibles y tinta cómplice
de gestos autómatas y paredes que encierran
suspiros y observan con recelo.
Sueño con intensidad el dulce aroma de jazmines
y despliego bosques de algodón donde
descansan mis pensamientos aturdidos.
Susurro silencios que despejan
oscuras nubes y desnudan
un sol inimaginable.
Un ave pequeña despide una
pluma que aún conservo
en mi mano.
Despierto algo exaltado
y abro la ventana que enseña
aquel cielo tan ajeno.
martes, 7 de agosto de 2007
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