El discernimiento, viento bravío
de entendimiento harto complejo:
si entendemos la tempestad como espejo
del sosiego de una tarde de estío.
En silencio, la palabra provoca
el caos, e inexplicablemente advierte
que en infinitos sentidos se vierte
en el vasto pensamiento que la evoca.
El sinsentido, en sí una paradoja
de absoluta percepción constante
que descansa en el verso del caminante
y en certezas que el azar despoja.
Es absurdo, y así también es relativo
que tracemos la parábola del sueño
en la vana noche elemental sin dueño
que ejecuta un sentimiento intempestivo.
miércoles, 5 de septiembre de 2007
Apocalípsis (Septiembre 1998)
La inocencia se vuelve soledad
y mi corazón aún reproduce
pensamientos tristes y sucesos violentos.
Tu amor me hizo aún
más obsesivo por vivir;
pero esta primavera sólo
está cubierta de nieve
y el viento azota mis ilusiones
con dolores que torturan el alma.
El sol se esconde rápidamente
y apaga el calor de los cuerpos
que, ahora en la oscuridad,
se amontonan en derredor
buscando ternura y contención,
queriendo salvar sus vidas
con un sentimiento que desconocen,
que despreciaron.
Por un momento sintieron
desaparecer el odio calcinante
pero duró solo un instante.
De inmediato todo se hizo confuso:
vértigo y desesperación.
Yo sólo quería un poco de amor.
Y el alma humana se refugió
en su egoísmo, mientras afuera
seguía nevando y congelaba
los cuerpos amontonados.
y mi corazón aún reproduce
pensamientos tristes y sucesos violentos.
Tu amor me hizo aún
más obsesivo por vivir;
pero esta primavera sólo
está cubierta de nieve
y el viento azota mis ilusiones
con dolores que torturan el alma.
El sol se esconde rápidamente
y apaga el calor de los cuerpos
que, ahora en la oscuridad,
se amontonan en derredor
buscando ternura y contención,
queriendo salvar sus vidas
con un sentimiento que desconocen,
que despreciaron.
Por un momento sintieron
desaparecer el odio calcinante
pero duró solo un instante.
De inmediato todo se hizo confuso:
vértigo y desesperación.
Yo sólo quería un poco de amor.
Y el alma humana se refugió
en su egoísmo, mientras afuera
seguía nevando y congelaba
los cuerpos amontonados.
Café Literario (Agosto 2000)
Un café tibio y un cigarrillo para el olvido,
tal vez el humo disipe mis pensamientos oscuros.
Disfruto este palidecer aunque esté casi rendido
ante la enajenación de tus inmensos ojos puros.
Ya ni esta rima sincera me sonríe siquiera
y cuando todo se torna gris y desolador
una mirada me apacigua como si supiera
que mis palabras están hoy teñidas de dolor.
Ella está enfrente mío y permanece inmutable.
No comprendo por qué ha conseguido inhibirme.
Esta maldita ansiedad me ha vuelto vulnerable
y otra vez, sin quererlo, han vuelto a seducirme.
Ciertamente no hubo tal mirada,
aunque tampoco puedo afirmar que sólo la he imaginado.
¿Acaso la imaginación no es cierta?
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