viernes, 24 de agosto de 2007

La Provocación (Septiembre 2002)

Mientras la noche se precipita y el insomnio se apodera de mis sensaciones, intento ejecutar la historia de un día.
Al despertar, mis ojos recorren imágenes: contemplo una inequívoca mueca absurda de John Lennon e inevitablemente me sumerjo en la luz de un inspirador Ernesto Guevara. Sigo sin distinguir, tal vez, matices aún más perceptibles.
Sobrevienen, tímidamente, la lucidez y la certeza insoportable (a la manera borgiana) de seguir siendo uno mismo, del inexorable peso de nuestra responsabilidad.
El tiempo inquisidor exige una efectividad que mi serenidad no intenta comprender. Este desentendimiento me arroja a las calles de Buenos Aires, y enfrento con dulzura ese vértigo.
Ya en el subterráneo, me creo inmerso en una aguafuente arltiana: gestos de ambición, seres distantes, quizás escapando, escapándose; gente que se sobrevive, vestigios de miseria, de tristeza. Conversaciones porteñas: hombres y mujeres seduciéndose apelando a lo más profundo de su imaginación, y también todo lo contrario.
Finalmente, ingreso al trabajo. Durante ocho horas desempeño, aceptablemente, el rol de empleado. Y aunque momentáneamente me sofoque la subordinación, es una carga que acepto sin mayores complicaciones.
A medianoche, el fin de mis tareas me devuelve a las calles y estas primeras horas de madrugada acrecientan mi sensibilidad.
Sin bares que alberguen este encanto somnoliento, me encuentro conmigo donde empecé; esta vez frente a un té apaciguador y cautivo de algún relato fantástico.
Acá termina esta historia cotidiana, pero comienza lo que realmente quiero decir.
En una atmósfera indescriptible, una mujer me obsequia una sonrisa. Desprende magia de sus manos y atravieso la ciudad a través de sus ojos.
No me asusta expresarle que sólo me inspira ternura, aunque evito obtener repercusión tras mis torpes palabras.
En el transcurso de un día como todos, como cualquier otro, ella consigue con simpleza que ese día sea especial.
Esta circunstancia hace que te piense, y al mismo tiempo me sonría.

A M.R

lunes, 13 de agosto de 2007

Lucidez (Enero 2001)

Atormentado por un cielo purpúreo
que arrebató violentamente
mis fervientes impulsos de regar,
con un poco de poesía,
esta maldita atmósfera
de oscuras desilusiones.

Nada es tan trágico como la realidad
de un amanecer inusitado.

Cuyo Argentino (Otoño 2005)


-04 de Abril-

No fue para tanto. Luego de la cena, me vi una peli, fumé un poco y me fui a dormir. Hoy desperté en San Juan al mediodía.
Cielo azul, diáfano el día ingresó vertiginosamente en mis ojos somnolientos. En la Terminal, en una oficina de Turismo me dieron la info del hostel al que finalmente fui: "Triásico".
Eduardo me recibió muy bien y conocí a Carmen y Juan, una pareja de españoles de cuarenta y pico, super simpáticos.
Después de almorzar conversamos con Juan de literatura y también de algunos sucesos políticos que nos conmovieron de alguna u otra forma.
Caminé un poco, contemplé algunas plazas y la Peatonal. Me compré un yogurt y granola y acá estoy, relatándome. En un rato procuraré algo de comer y a dormir tempranito porque mañana me voy de excursión, ¿dónde?.
Comí en el patio de comidas de un supermercado local muy pintoresco y en breve ya estaba conciliando el sueño.

-05 de Abril-

Bien temprano desayuné con yogurt y granola (sí, otra vez) y emprendí rápidamente una breve excursión al Dique de Ullum, un impresionante oasis de agua verde en medio de las montañas.
El micro me dejó en un embarcadero; allí se practican windsurf y otros deportes acuáticos. No había un alma en el lugar y no estoy siendo metafórico sino literal: NO HABÍA NADIE. Un silencio indescriptible, un cielo limpio y un sol más que agradable acompañaban mi absorta contemplación. En el viaje, muy oportunamente, compré unas frutas en el bondi que fueron mi almuerzo. Al cabo de una hora de quietud me decidí a caminar un poco: me encontraba en un lugar que es como una playita y no muy lejos divisé unas palmeras que llamaron mi atención; son las mismas que vi en una foto que me mostró Javi en el laburo y también observé unas sillas y una especie de confitería. La playa era la terminación de un valle y era trabajoso ir a pie atravesando las ondulaciones (eso creí), así que volví a la ruta e intenté encontrar el camino.
Me introduje en medio del valle buscando una huella, atravesando piedras y vegetación inhóspita y soportando ruidos de insectos que nunca escuché (y nunca quiero volver a escuchar).
Lo que primero fue un juego luego se tornó en desesperación. Veía las palmeras pero no llegaba nunca, no había nadie en el todo el lugar y cuando logré aproximarme comprobé que era imposible acceder porque estaba todo alambrado: era un predio privado.
Sin asustarme, entendí que estaba en un lugar sin señales aparentes, absolutamente solo y desprovisto de agua ó comida. Comencé a caminar buscando la ruta y apenas podía sentir el ruido de algún automóvil que la atravesaba.
Con algunos sobresaltos, finalmente la encontré. Bien. Ahora debía esperar el micro, pero venía espaciadamente y nunca supe qué hora era, en ningún momento del relato (no llevo reloj ni quiero). La espera se hizo larga y comencé a hacer dedo: los sanjuaninos son re buena gente, no me paró ni un sólo vago hijo de puta, ¡ni uno!.
Vi acercarse lentamente un Farliant (creo que se escribe así) y ese andar estaba condicionado por una cubierta rota.
No tuvo opción (no le dí esa posibilidad) y me levantó.
La vuelta fue más precipitada: el vago no traía gato, llave cruz ni celular, y como todos son tan simpáticos tuvimos que parar a llamar a su hermano para que lo venga a auxiliar. A todo esto, pasaron unas tres horas desde que me levantó hasta que vino el hermano. (En el medio pasaron dos bondis de los que yo esperaba).
Con el auto listo, me dejaron cerca de una parada y tomé un bondi local que me dejó cerca del hostel. Dadas las circunstancias, en el camino me compré un Fernet. Branca. Grande.
Ya en el hostel y entrada la noche, me preparé una ensalada muy grande y unos vasos de Fernet me hicieron dormir muy plácidamente.
Entretanto, conocí a Andrew (Scotland), Lucy (South Africa) y Petra (Holanda).
Ah, en un mercado persa me compré una chaqueta muy cool.

-06 de Abril-

Desayuné muy temprano café con leche con tostadas y súbitamente Petra, Lucy, Andrea (de Castelar, hace rato yira por acá) y yo nos fuimos al museo arqueológico.
Las extranjeras hablan un buen español (varios meses llevan en Argentina) y la comunicación es fluída; tienen mucho sentido del humor.
Vimos unas momias muy impresionantes y luego volvimos al hostel para ir a una champagnería (La Cava) que está dentro de la montaña, en una cueva; es realmente increíble el lugar. Degustamos un poco y nos quedamos manija, así que al salir nos tomamos unas cervezas en una hostería que estaba junto a la fábrica. Volvimos al hostel, charlamos mucho tomando vino tinto y fernet y Petra y Lucy partieron rumbo a Salta.
Hace unos minutos terminé de comer; estoy tomando un fernet bien frío y ya en instantes estoy yendo a dormir.
Eduardo, del hostel, me informó la pálida noticia que no hay excursiones al Valle de la Luna hasta el fin de semana (hoy es miércoles), así que estoy analizando las alternativas.
Voy a ir al Valle, vine acá por eso, así que voy a ver cómo dispongo del tiempo que me fue proporcionado dadas las circunstancias.

-07 de Abril-

Fui con Andrew y con Andrea al Dique de Ullun. Volví, en realidad, porque aunque precipitadamente ya lo conocí el martes. Por supuesto, cielo azul y mucho sol, aunque había muchísimo viento. Sacamos fotos, comimos unas frutas y charlamos bastante.
Andrea tiene 19 años y aún no sé muy bien que está haciendo por acá. Andrew tiene 25 y es muy rockero pero nada desenfrenado: es profesor de inglés y enseña buceo. Es muy agradable y nos llevamos muy bien.
Retornamos al hostel ya bien entrada la tarde y se sumaron Clara y Stephan, una parejita de suizos, francoparlantes, de 20 años. Me dijeron que querían ir al Valle de la Luna, así que no voy a tener que esperar hasta el finde. Clara habla bien español y Stephan no habla pero entiende; para entender un concepto o una idea se pueden emplear muchos caminos además del lenguaje: gestos, señas y ruidos complementan la buena comunicación.
Fui al super y compré pan y fiambre y preparé sandwiches para el día después, el día de la excursión. Acordamos que también iríamos al Parque Nacional Talampaya, en La Rioja.
Esa noche me acosté muy tarde porque vimos una película y nos quedamos tomando Fernet y cerveza hasta las 2.30 de la mañana (jodéte).
El guía nos pasaba a buscar a las 5.30 ya que el Parque está a 350 kms. de aquí.

miércoles, 8 de agosto de 2007

La verdad del día en que nevó (Julio 2007)

Copos de nieve. Ordinarios copos de nieve.
Sí, el jardín, el auto.
Qué lindo la nieve, qué lindo el invierno, que viva la patria.
La puta que los parió.

martes, 7 de agosto de 2007

Noroeste Argentino (Invierno 2003)

-Sábado 07 de Junio-

Sobrellevando el tedio de 25 horas de viaje, puntualmente arribé a Tucumán a las 21:50 tal cual previamente me habían informado. Bajé del tren, respiré profundo y estiré las piernas; sí, llegué, estoy acá. ¿Y ahora?
Compré unos Lucky frente a la Terminal y enseguida un loco me extiende un folleto: "vení a Tucuman Hostels: hau un par de inglesas, españoles, un colombiano. Esta noche hay guitarreada y demás. Te llevamos para el centro y vamos..". Claro que estaba tentado, pero opté por caminar con el plano del hostel en mi mano. Caminé un par de cuadras: compré una lata de Quilmes y, disfrutándola, me encaminé hacia el hostel. Allí fui recibido por Matías, Romina y Ariel. Me duché, compré unas empanadas y una botella de vino. En menos de una hora, ya estaba conversando de la realidad socio-política de Latinoamérica con Jorge y Madoka (españoles) y Óscar (colombiano). Al cabo de otra hora ya estábamos fumando uno y seguían desfilando los vinos. La sana envidia de escucharlos contar sus travesías a través de toda nuestra geografía desde el mes de...¡enero!.
No recuerdo cómo ni a qué hora me fui a dormir esa noche.


-Domingo 08 de Junio-

Fui al súper, reventé un par de tickets y almorcé con todos en el hostel. Cayeron Vana y Mariana, dos chicsa conservadoras de San Isidro y con ellas me fui (obvio) para San Javier, a tan sólo unos kilómetros, un cerro pintoresco que ofrece una hermosa vista de San Miguel. Claro que el día estaba nublado y no ví ni el camino, así que emprendimos la vuelta.Visité la Casa Histórica y un par de museos, nada trascendente a decir verdad.Retorno al hostel y campeonato de ping pong con Steve (australiano): perdí holgadamente pero bien vale la anécdota.
Entonces llegaron ellas: Mollie, Beck y Brigid. Tres chicas canadienses. 17 años, bonitas, risueñas, ¿qué más?. Por supuesto, in a few minutes ya estaba hablando con ellas. No recuerdo cuál nombró a Jennifer López. ¿Qué carajo me importa J-Lo?. No sé, pero me fui al cine con ellas a ver su última película. Un bodrio. Pero lo mejor: al entrar a la sala, sólo estábamos nosotros entonces Becky, preciosa, se sube al escenario y...¡nos mostró el culo!. Sin palabras.
Conversábamos y reíamos infinitamente; tan divertidas, tan cordiales (entendimiento universal).De regreso al hostel, vino tinto y conversaciones noctámbulas.Luego de ver los goles de Braccamonte, improvisé unos versos aliviadores.


"Desdeño la absurda

convención del tiempo,

abrazando la nostalgia

y el vértigo de quien fuí,

quien tardíamente soy.


El tímido sonido del viento,

un estrépito de silencio;

la absoluta contradicción

de encontrarme conmigo

habiendo escapado de mí.


La sensible percepción

que ostenta la noche encantada;

atravesando una atmósfera

de sueño inalcanzable

el sol me descubre sonriendo."



-Lunes 09 de Junio-

Mollie dulcemente me despertó y fuimos los 4 a comer afuera. "El Cardo" fue el lugar recomendado por Ariel: una casa vieja, nadie dentro. Comimos humita con chala y mucho picante: increíble.Pasamos toda la tarde dando vueltas por el centro, riéndonos de todo y de todos. Y acá estoy, escuchando U2 junto a unos irlandeses.
Tengo hambre. Voy a cocinarme algo (anoche cociné y cenamos con Óscar antes que se fuese rumbo a Córdoba)....Acabo de despedir a las chicas, partieron rumbo a Mendoza. Les pedí que por favor me envíen la foto del culo de Becky.
Llegaron varios irlandeses y muchos ingleses. Pasé absolutamente toda la noche conversando con Fiona, preciosa, y dueña de un acento tan sensual que provocaba escalofríos.
Tomamos mucho vino y Javier tocaba los Beatles: Magical Mistery Tour.
(Previamente, Mati me invitó a fumar con Mike, un suizo que increíblemente tenía cara de tucumano).

-Martes 10 de Junio-

Me desperté temprano. Ari me preparó un super desayuno, con tostadas con manteca, jugo exprimido y café con leche.
Estoy en duda: ir a San Javier ya que hay un sol imponente o arrancar para Cafayate, con escalas en Tafí, Amaicha y Quilmes.
Las próximas palabras develarán mi elección.
Arranqué para Tafí del Valle: tomé el bus de las 14 y llegué alrededor de las 17:30: un pueblo hermoso, rodeado de encantos.
Sólo estuve algunas horas dando vueltas por ahí, sacando fotografías.
Tomé el bus de las 20:40 rumbo a Amaicha, en donde pasaría la noche.
Amaicha era mucho pero mucho más pequeña, oscura y desolada de lo que pensaba. Pasé la noche en una hostería en la que estuve completamente solo.
Mi estúpido por prescindir del tiempo: al despertarme, nunca sé qué hora es.
Me levanté. Miré al sol y salí: eran las nueve y media de la mañana.

-Miércoles 11 de Junio-

Salí caminando, mochila al hombro, por la ruta por la que entré con el bus. No había nada ni nadie. Saqué algunas fotos y me quedé sentado en el medio de la ruta fumando un cigarrillo.
En ese momento vi venir un loco barbudo, también mochila al hombro y con una canasta: era un tucumando que vendía nueces confitadas y al mismo tiempo viajaba y recorría los pueblitos. Luego, al ver que la gente lo saludaba, entendí que era un asiduo vistante del lugar.
Tenía que seguir camino a Cafayate y quizás pasar antes por las ruinas de Quilmes.
El tucumano estaba haciendo dedo y yo tenía que aguardar el bus que recién salía a las 18 para Cafayate. La puta que lo parió, tenía muchas horas por delante y estaba en el medio de un pueblo encantado y perdido. Cerca del mediodía fui a la única estación de servicio sobre la ruta y encontré dos mochileros más: Néstor y Tiny: él es marplatense y tiene 31 años. Ella es belga y tiene 18. También iban para Cafayate pero primero querían pasar por las ruinas.
Haciendo dedo no pasaba un alma, entonces, preguntando, nos hablaron de Don Lauro, un remisero de la zona que nos llevaría por algunos pesos.
Lo fuimos a buscar: con el temor de no encontrarlo por ser hora de fiesta, pero el tipo estaba. Nos llevó por $12 en su 504.
Llegamos alrededor de las 16 y teníamos tiempo ya que el bus pasaba por la ruta a las 19:30 rumbo a Cafayate.
Ya en las ruinas, Miguel, un guía, nos contó acerca de las construcciones y de la heroica resistencia de 130 años del pueblo quilmeño ante los embates del conquistador.
Imposible describir lo que sentí en las alturas, en los pucará (fuertes) desde lo que resistían y combatían; el más alto era del cacique y estaba justamente allí para estar más cerca del Sol, su dios (Inti). Increíble.
Imposible describir los colores que inundaron el cielo en el ocaso: tan nítidos, tan perceptibles.
Bien a la argentina, junto a las ruinas y sobre un cementerio se construyó un hotel, con piscina y todo. Lo advertí fotografiando desde las alturas, pero quería creer que no estaba allí.
Un contingente de ingleses e irlandeses también estaba allí, los mismos que había cruzado en Tucuman y también esa misma tarde en Amaicha. Entendí que esa circunstancia sería cotidiana.
Una camioneta que había traído a los extranjeros nos cargó encima y nos acercó a la ruta, ya de noche, para tomar el bus.
Solos en el medio de la ruta, tomando mate bajo las estrellas, Nestor, Tiny y yo aguardábamos el micro.
*Néstor es webpager. Toca el bajo y habábamos de todo: muy buena gente. Tiny es preciosa, muy rubia y de ojos grises. Está en nuestro país por un programa de intercambio. Tiene un español pausado que es muy dulce de escuchar.*
Al llegar fuimos a comer unas empanadas mirando el partido de Boca, y gritando un golazo de Tevez le tiré agua encima a Tiny; me dió un poco de pudor explicarle la pasión y el desenfreno por grital un gol de tu equipo, pero por la mirada que me clavó sentí que debí haberlo hecho.
Estábamos realmente muy cansados. Ella y Néstor fueron a dormir, pero claro que yo no iba a ir directo a la cama.
Por cierto, el hostel "El Hospedaje" era muy bonito y allí encontré a los viajeros que había visto y que vería durante todo mi viaje.
Terminé mi noche en el "Ñanta", un reducto cultural en el que tomé mucho vino, canté zambas y chacareras y conversé con su dueño seriamente de la lucha estudiantil y de encontrar alternativas para resistir y combatir este sistema.

La Comprensión (Julio 2004)

Entiendo que puedo ver las cosas en perspectiva.
Entiendo que puedo trazar horizontes que se divisen más allá de mis percepciones.
Entiendo que puedo desear cosas que no estén a mi alcance, porque nada impide que pueda poseerlas.
Entiendo que dormir es distraerse del mundo, por eso abro bien los ojos y gesto miles de mundos, soñando.
Entiendo que puedo caminar plácidamente por calles del centro de Buenos Aires (en horas pico) absolutamente entregado a la contemplación.
Entiendo que puedo disfrutar de mi condición humana, por eso sonrío y me sonrío.
Entiendo que, al igual que Voltaire, el hombre es naturalmente bueno y es la sociedad quien lo corrompe.
Entiendo que el hombre olvida sus alternativas y se supedita a sus limitaciones, tornándose vulnerable y fácilmente corrompible.
Entiendo que, siendo infinitos el espacio y el tiempo, estamos en cualquier lugar y en cualquier momento.
Entiendo que, así como Oliverio Girondo, con las mujeres ocurre lo mismo que con la poesía: llega un momento en que la única actitud respetuosa posible, consiste en levantarles la pollera.
Entiendo que uno intenta entender, pero acaso no entiende que el desentendimiento puede ser voluntario y no menos trascendente.

Ocaso (Septiembre 2002)

Agobiado ya de números insensibles y tinta cómplice
de gestos autómatas y paredes que encierran
suspiros y observan con recelo.

Sueño con intensidad el dulce aroma de jazmines
y despliego bosques de algodón donde
descansan mis pensamientos aturdidos.

Susurro silencios que despejan
oscuras nubes y desnudan
un sol inimaginable.

Un ave pequeña despide una
pluma que aún conservo
en mi mano.

Despierto algo exaltado
y abro la ventana que enseña
aquel cielo tan ajeno.

El día invertebrado (Marzo 2006)

La mañana se avecinó envuelta en tibia lluvia.Y para no entorpecer la magia me empeciné en disfrutarla durmiendo. Un gris destello de luz, escapándose por la hendija de la persiana, acariciaba mis percepciones (también la incertidumbre del día).
Al despertar, con ojos somnolientos me enfrenté al espejo y esbocé una sonrisa de aprobación. Aunque, íntimamente, sueño con esa idea que Oliverio Girondo llamaba metamorfosear, y Borges lo consideraba el tedio de ser uno mismo y del peso del universo.
Afuera, la ciudad y su clamor. La oscura confrontación del hombre con el hombre. El vértigo del tiempo convencional que se precipita sobre los ánimos y estimula la falta de comprensión; también el sometimiento.
Tan sólo la puerta me separa de dilucidar la contradicción de querer encontrarme conmigo en los lugares donde voluntariamente me perdí.

Nostalgia (Mayo 2003)

Atardecía en Septiembre
y acariciaba en un sueño
una mujer encantada.
Contemplaba, cautivo de
su frágil sonrisa,
el sensible desden
por el tiempo persuasivo
y el espacio perturbador.

Ella hablaba en silencio
pero sus pensamientos
susurraban filosofía.
(Reverberaba el sol
en el ocaso de mis percepciones)

Envuelta en tormenta
también ella me soñaba,
y descansé noches diáfanas
en sus manos de rocío.

Compartimos el vértigo
del universo complejo,
las populosas mañanas
de Buenos Aires,
el turbio entendimiento,
la prolija prosa de Borges,
la gris cadencia
de las canciones,
el intenso perfume
de la piel,
la belleza en
la luz del conocimiento,
la certeza absoluta
de nuestro sueño confuso.

Me despierto soñándote
y la vigilia proyecta
la imagen de tu ausencia.
Tímidamente, cierro los ojos
y suspiro nostalgias,
amándote en el olvido.

El Resplandor (Enero 2001)

Incertidumbre en la orilla de
un océano que sonríe con
desden a mi frágil humanidad.

Pequeñas huellas de grandes hombres
que sufren, que un inexorable mar
borrará con acierto y naturalidad.

Tibio brillo de luna,
solemne y solitario para un
alma desesperanzada.

Tristeza y desasosiego,
y de tu mano sólo ásperas
caricias de dulzura.

El ocaso es inminente
pero una luz ha cegado
mis ojos tiesos.

Es fascinante que luego
de gatillar, el sol
permanezca inmutable.

Y en la lejanía miradas
de desencanto y sollozos
interminables, casi gritos.

Ahora soy yo quien sonríe,
mientras ella se desangra
en estúpidas justificaciones.

La eternidad del instante (Enero de 2001)

Alguna vez quebré tu fragil
sonrisa de cristal y encerré
en mi mano (con mezquindad)
despojos brillantes de
tu esquiva dulzura.

Alguna vez robé de tu
fino cuello el sensible
perfume de tu piel, sólo
para acompañar mis
torpes y solitarios pasos.

Alguna vez me extravié
despierto en tus ojos
somnolientos y naufragué
mares tempestuosos y lunas
de cuarto menguante.

Alguna vez soñé tus
palabras más hermosas
pero ya descansaban,
torpes símbolos,
en tu diario de ilusiones.

Y otra vez te pienso
y evoco tu nombre.
La brisa me socorre
y lo suspira despacito.
Y tiemblo por esa
violenta ausencia.

Me resigno y huyo con serenidad
a la orilla a buscar caracoles
para recordarte.

Enigma (Septiembre 2000)

¿Calmará el mar
mi sed de vos?

¿Dará luz el sol a mis
oscuros pensamientos?

¿Borrará el viento
las huellas de tus palabras?

¿Podrá acaso la nieve
congelar mi corazón?

¿Y si la luna hace
sombra a mi lucidez?

¿Convertirá el sueño
tu voz en suspiros?

¿Impedirá el llanto
borrarte de mis ojos?

¿Intentará la locura
quitarte de mi mente?

¿Logrará tu indiferencia
que deje de sentir?

Errante anacoreta (Septiembre 2001)

Ostensiblemente, persigo tu esencia
en oscuras nieblas crepusculares;
encerrando misterios.

Detenidamente, distingo en el sonido
la gris cadencia de tus canciones;
cautivando sentidos.

Pacíficamente, desdeño la tormenta
en el sosiego de tu sonrisa diáfana;
burlando suspicacias.

Poéticamente, susurro el encantamiento
de contemplar tus manos inquietas;
despertando pasiones.

Inconscientemente, distraigo al tiempo
y siembro anacronías en tu imagen;
cavilando recuerdos.

Paulatinamente, evoco tu nombre
y corrompo al azar que rige lo impredecible;
suscitando primaveras.


-He vuelto a encontrarte. Y sacudo tu ausencia con estos versos que ya no me pertenecen-

Sueño Marchito (Septiembre 1998)

Como con audacia, casi con destreza,
él se pierde en su integridad;
un bohemio en la multitud.

La vida le sonríe de noche
pero él se entristece con la luna
y permanece lívido en la oscuridad.
Solo, como siempre quiso.

Preso del olvido y del desprecio
se refugió en un secreto jardín
y durmió entre flores descoloridas
que abrigaron su desconsuelo.

Su corazón latía áun más rápidamente
pero nunca logró despertar de su sueño
y su cuerpo gélido se expuso al día
que mostró su luz desde temprano.

Los días se sucedieron
y las flores crecieron coloridas,
mientras él yacía bajo un jardín que no conoció,
y su sueño quedó atrapado
bajo pétalos marchitos.

Con el tiempo, se llegó a afirmar
que nunca hubo un jardín más hermoso.

Crepúsculo (Noviembre 1996)

Fresca mañana. La brisa tiñe mi pelo.
La suave textura de una hoja roza mis mejillas, gélidas.
No percibo el canto de los pájaros
cuando irrumpe en el parque el silencio:
un silencio perpetuo que detiene la naturaleza en mis ojos,
borrando mis sentidos, sintiéndome imperceptible.

El sol se hace sentir haciendo brillar los frutos,
vivando las verdes hierbas,
cobijando las flores que exhiben
sus pétalos radiantes, coloridos,
pintando mi parque de colores claros y oscuros, alegres y tristes;
tornando todo mucho más nítido, sensible, puro.

La determinación (Agosto 2000)

Inquieta, las estrellas te circundan y sólo ofrecés una sonrisa de encantamiento; aunque casi con desden mirás a tu alrededor y te sensibilizás ante una noche apaciguada.Con fugacidad, intentas creer en un sentimiento que no te corresponde, entonces mirás al cielo demandando una explicación, y atribuís todo a una mala jugada del destino.
No sólo no te convence sino que te enfurece: fervientemente sostenés que el destino no es azaroso, aunque la idea de que el hombre es producto de sus circunstancias te despierta cierta simpatía.
Te desesperás y corrés; seguramente huyendo del tiempo en busca de un olvido pasajero pero tranquilizador. Llegás al precipicio. Con desenfado agotás palabras desaforadas que el eco se encarga de devolver en tono burlón e inevitable.
Ahora mirás para abajo y no tenés escapatoria.
Toda tu vida se circunscribe a ese pedacito de tierra que te separa de un abismo suplicante. Lo observás lentamente y meditás, aunque sin volver la vista atrás. Ya no querés atravesar interminables días de angustia; ya no querés involucrarte en sentimientos diametralmente opuestos a la sinceridad de tus ojos tristes.
Y elegís olvidar. Y saltás.

A Walt Whitman (Agosto 2003)

A través de los turbios vidrios de una ventana, se exhibe la naturaleza en su esplendor: el sol, tímidamente, sonríe en una ciudad que no esboza sonrisas; los gritos emergen desde el asfalto, y arañan un sosiego inexistente, invisible; un pintoresco paisaje de opulentas oficinas invita a la sensata reflexión, en plan introspectivo, a encontrarse con uno mismo (claro que muy lejos de aquí).
Me gusta imaginarme escribiendo con mis manos la palabra PAZ en la arena que bordea un océano encantado. Convivo en paz, pero la atmósfera de mi alrededor es de encantamiento, mi imaginación no es parte de un sueño.
La sensación por las calles es que Buenos Aires se abalanza sobre mí. Yo abro los brazos y la invito a descansar en la quietud de mis manos. La seduzco, y muchas noches nos hacemos el amor evocando versos prohibidos de Oliverio Girondo.
En secreto, ella susurra con lágrimas la ausencia de abrazos, la falta de entendimiento, la errante contemplación de su magia, de sus misterios.
Buenos Aires discurre plácidamente a través de un tiempo convencional, hecho de horas y minutos de ficción. Lejos de la metafísica, el tiempo está modelando a los hombres. El hombre se somete, y es empleado del mes de un tiempo que lo persigue, inquisidor.
El tiempo es infinito. El espacio también lo es. Entonces, estamos en cualquier lugar y en cualquier momento. Abrazo un absoluto desdén a la tiranía de dos agujas elementales y a la geografía de un punto del universo. Me desprendo dulcemente del tiempo persuasivo y del espacio perturbador.
Observo a la tierra y le digo te amo. Amo a los hombres y a las mujeres que la habitan y la sueñan.
Dejaremos de existir, gradualmente, como un lento atardecer de verano, y el amor reside en cada pulsación de tu sangre, agazapado.
Suspiro amor en el viento, y el rocío humedece mis percepciones.
Yo soy la tierra que te ama.


Conozcan a Whitman:http://es.wikipedia.org/wiki/Walt_Whitman