Alguna vez quebré tu fragil
sonrisa de cristal y encerré
en mi mano (con mezquindad)
despojos brillantes de
tu esquiva dulzura.
Alguna vez robé de tu
fino cuello el sensible
perfume de tu piel, sólo
para acompañar mis
torpes y solitarios pasos.
Alguna vez me extravié
despierto en tus ojos
somnolientos y naufragué
mares tempestuosos y lunas
de cuarto menguante.
Alguna vez soñé tus
palabras más hermosas
pero ya descansaban,
torpes símbolos,
en tu diario de ilusiones.
Y otra vez te pienso
y evoco tu nombre.
La brisa me socorre
y lo suspira despacito.
Y tiemblo por esa
violenta ausencia.
Me resigno y huyo con serenidad
a la orilla a buscar caracoles
para recordarte.
martes, 7 de agosto de 2007
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